Había estado pensando mucho en su padre últimamente, se acordaba de él más de lo acostumbrado justo ahora que se acababa de separar de su marido. No era coincidencia. Ella vio en su marido a un padre sustituto, habían construido una relación padre-hija con todas las de la ley. El era la autoridad, tenía la última palabra al decidir sobre todos los asuntos y ella hasta le pedía permiso para hacer su vida académica y social. El era el proveedor económico. Silvia desde que estaba con él, había perdido su capacidad de generar dinero y ser atuosuficiente. Silvia pedía ser rescatada con su apariencia de niña frágil, con locuacidad encantadora. Carlos, el marido era formal, estructurado, protector. Pero a la hora de los conflictos y desacuerdos, era tan locuaz y frágil como Silvia.
La relación había logrado sobrevivir milagrosamente durante muchos años, pero cada que Silvia intentaba crecer y decidir sola, moverse más allá de lo que él permitía, estallaba la guerra. También cuando él no era ese padre confiable con el que ella contaba. Ninguno podía moverse del pequeño territorio (cárcel para los dos) que se habían armado con el paso del tiempo.
Silvia ya no quiere ser niña frágil, ni hija, ni pedir permiso, ni estar asustada de la ira de Carlos. Y a veces todavía quiere, porque se siente sola y vulnerable ahora que ha decidido salir adelante por ella misma. El no entiende que ella quiera crecer. Ve en su partida una traición y le cuesta mucho trabajo entender que el amor en medio de los gritos y amenzas ha terminado por convertir la relación en un vínculo hostil, repleto de miedos, rencores y cuentas por cobrar.
Las relaciones simbióticas, en las que uno necesita del otro para sobrevivir, incapacitan para la autonomía en cualquiera de sus modalidades. Están basadas en la vigilancia, en la rigidez de roles de ayudado-ayudador y cuando alguien intenta salir de ahí, el costo es altísimo. La sensación de quedarse sin una parte del sí mismo es mucho más intensa que en cualquier otra ruptura de otro tipo de relación amorosa.
Silvia tiene muchas ganas de encontrar su identidad, de saber quién es, para qué es bena, de trazar un plan de vida y de ser una persona completa sin necesidad de tener a Carlos a su lado. Le está doliendo hasta el alma este intento de autonomía. Todos los días se pregunta si haber dejado a Carlos ha sido una buena decisión o no. A pesar de sus dudas y de la tristeza por la pérdida, comienza a sentir cada parte de su cuerpo como suya, empieza a sentir lo que siente y a pensar lo que piensa sin miedo a la descalificación. Parece un segundo nacimiento a sus 34 años.
Vida Libre
Este blog tiene el objetivo de aportar una visión acerca de la vida, el ser humano y los asuntos sobre los cuales discurren sus pensamientos y emociones. Seguramente algunos de sus contenidos parecerán irreverentes o inadecuados, poco realistas e incluso subversivos, sin embargo no se pretende ofender a nadie con las ideas aquí expuestas. Proporcionar puntos de vista novedosos que permitan el desarrollo de las conciencias es la única intención.
miércoles, 30 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
De las motivaciones y los comportamientos.
Con frecuencia las personas son capaces de identificar con claridad los comportamientos que consideran disfuncionales. Dicen: "no debería enojarme por esto", "no logro ponerme las pilas en esta situación", "no puedo mantener la dieta", "cuando ocurren estas circunstancias no se que hacer".
La mayor parte de las veces, el individuo trata de incidir en su comportamiento generando una conducta nueva, una conducta que considera funcional. De esta manera casi todos buscan "ahora si" levantarse temprano diariamente, "ahora si" armarse de valor para hablar con el jefe, "ahora si" dejar esa relación que tanto les contamina o sus propias adicciones, etc. Una vez iniciado el nuevo comportamiento, el individuo se topa con la dificultad de mantenerlo, casi siempre olvida la nueva conducta y regresa a la disfuncionalidad de origen, cada vez más decepcionado, cada vez más escéptico, contemplando la posibilidad de cambio como algo lejano y difícil,
La primera invitación que te hago es a que observes tus comportamientos como una resultante, no como una causa. Creemos que los comportamientos son la causa de nuestros males, sin embargo, todos los comportamientos tienen una motivación, esa motivación es la causa real de nuestros males.
¿A qué me refiero cuando te hablo de "una motivación"? Quiero que te imagines a un hombre, si hiciéramos una encuesta la mayoría de los encuestados opinarían que es un hombre físicamente poco atractivo, más bien feo. Sin embargo, este hombre se siente muy seguro de sí mismo, tiene aplomo, tiene carisma y sabe explotarlo, de tal modo que es agradable para casi todas las personas que conoce, es el alma de las fiestas y muchas son las mujeres que quieren entablar una relación con él. Ahora quiero que te imagines a un segundo hombre, un hombre que en la misma encuesta sería calificado por la mayoría como un hombre guapo, sin embargo, este hombre se siente torpe e inseguro, de tal modo que si va a la misma fiesta permanece escondido en un rincón sin hablar con nadie. Desde su torpeza es hosco en el trato, desde su inseguridad logra aburrir y repeler a la gente que se le acerca.
En ambos casos te estoy planteando comportamientos que tienen su raíz en un conjunto de creencias muy definidas. El primero se cree capaz socialmente, el segundo no y sus comportamientos están diseñados para sustentar el sistema de creencias del cual nacieron.
Todos los comportamientos que tu generas tienen su raíz en un conjunto de creencias específico. Si tus comportamientos no te están llevando a los resultados que buscas, por más modificaciones conductuales que hagas llegarás inevitablemente al mismo resultado, dado que la raíz de tus comportamientos permanece inalterada. Si quieres obtener resultados distintos, la pregunta "¿qué hago diferente?" resulta poco productiva, no es en el hacer en donde se encuentra la disfunción, es en el sistema de creencias que lo soporta y es ahí a donde debes de dirigir toda tu atención.
Las preguntas poderosas y que requieren pronta atención y respuesta tienen que ver con: ¿qué creencias me llevan a estos comportamientos? ¿desde cuándo vengo generando este comportamiento, qué ocurrió en ese momento de mi vida? ¿quién en mi vida se comportaba de la misma manera? ¿por qué razón o razones estoy identificado(a) con esa persona de mi vida en estos comportamientos?
Necesitamos entender que las creencias son experiencias emocionales, en la búsqueda por alterar un comportamiento vamos topando con ellas y confrontándolas para transformarlas. Las creencias que han logrado generar comportamientos dolorosos, agresivos o que nos alejan de nuestro bienestar, están cargadas de significados emocionales dolorosos y de miedo. Es importante que estés consciente de que en la búsqueda de comportamientos eficaces, necesariamente te confrontarás contigo mismo(a) en tu dolor y tu miedo. Sé valiente. Te lo mereces. Sé valiente y revísate, sé valiente y encuentra tu parte obscura, sé valiente y reedita tu historia y tu vida.
martes, 10 de enero de 2012
De la evaluación de la vida.
Hace varias décadas, los científicos sociales, particularmente los antropólogos culturales y los psicólogos sociales concluyeron que no podemos tener un conocimiento directo del mundo y que todo lo que sabemos lo sabemos mediante las experiencias vividas. Cada uno, organizamos nuestra experiencia de vivir a través de relatos, explicaciones, hipótesis. Estos procesos de relatar, contar nuestra experiencia de una forma determinada es lo que terminará dando un significado u otro a la experiencia vivida. Podemos contar una y mil veces la historia de nuestra vida y probablemente cada relato será distinto del anterior. Es imposible recordar cada uno de los eventos que hemos vivido. Dejamos fuera del relato muchísimas experiencias. Incluir la mayor cantidad de experiencias posibles nos permite contar historias más complejas e interesantes sobre nosotros mismos. Esto es en parte lo que se hace en una conversación terapéutica. (Gregory Bateson, Jerome Bruner, Michael White, Kenneth Gergen y Goffman entre otros han escrito ampliamente al respecto). También puede hacerse a través de la escritura de una autobiografía o como lo llama David Brooks, reportes de vida.
Brooks es editorialista del New York Times desde el 2003. En octubre pasado, hizo un experimento muy interesante, pidiendo a sus lectores mayores de 70 años que escribieran un reporte sobre su vida, haciendo una evaluación de cómo la habían vivido. El formato era libre, podrían dividir el reporte en etapas, pero lo importante era evaluar sus vidas (vale mucho la pena leer los reportes publicados. Se pueden consultar en The New York times/Opinion pages/ David Brooks).
Podría resultar interesante para las generaciones más jóvenes y creo que sobre todo de gran utilidad, leer relatos de gente mayor que lleva la delantera en experiencia de vida, que tiene una perspectiva que sólo el tiempo da.
Brooks recibió cientos de reportes. En síntesis, hay algunos patrones que llaman la atención. Algunos, generaron relatos sin pausas, como si toda la vida fuera un continuo sin parar que merecía en lo general una sola calificación. Estos reportes eran dominantemente pesimistas. Algunos se describieron a sí mismos como perdedores, cobardes, poco flexibles, inestables, solitarios, destructivos en sus relaciones amorosas. En contraste con otros relatos que estaban divididos en etapas, en áreas diferentes de la vida y que por estar escritos con esta estructura, permitían una valoración diferenciada de las experiencias. Algunos describían las decisiones cruciales que marcaron el rumbo de sus vidas. Muchos hombres y mujeres que en sus cincuentas y sesentas se describían como bastante contentos y satisfechos, se lamentaban específicamente de su alcoholismo u otras adicciones de los treintas, de su mala y prematura elección de pareja en los veintes, de no haber tenido hijos, de haberse casado demasiadas veces, de su poco amor por el estudio o pereza crónica en etapas depresivas en los cuarentas.
Podría resultar interesante para las generaciones más jóvenes y creo que sobre todo de gran utilidad, leer relatos de gente mayor que lleva la delantera en experiencia de vida, que tiene una perspectiva que sólo el tiempo da.
Brooks recibió cientos de reportes. En síntesis, hay algunos patrones que llaman la atención. Algunos, generaron relatos sin pausas, como si toda la vida fuera un continuo sin parar que merecía en lo general una sola calificación. Estos reportes eran dominantemente pesimistas. Algunos se describieron a sí mismos como perdedores, cobardes, poco flexibles, inestables, solitarios, destructivos en sus relaciones amorosas. En contraste con otros relatos que estaban divididos en etapas, en áreas diferentes de la vida y que por estar escritos con esta estructura, permitían una valoración diferenciada de las experiencias. Algunos describían las decisiones cruciales que marcaron el rumbo de sus vidas. Muchos hombres y mujeres que en sus cincuentas y sesentas se describían como bastante contentos y satisfechos, se lamentaban específicamente de su alcoholismo u otras adicciones de los treintas, de su mala y prematura elección de pareja en los veintes, de no haber tenido hijos, de haberse casado demasiadas veces, de su poco amor por el estudio o pereza crónica en etapas depresivas en los cuarentas.
La excesiva introspección en estos reportes resultó en algunos casos contraproducente. Algunas personas se mostraron expertas en autoevaluarse, autocriticarse, lamentarse por los errores, regresar una y otra vez a los lugares dolorosos tratando de entender lo que pasó y logrando solamente conservar casi intactas las emociones y los recuerdos negativos. Tan dañino es vivir la vida en automático como vivirla así, en la rumiación permanente del pasado. Muchos concluyeron algo que sabemos pero que quizá todavía no terminamos de entender: es imposible cambiar a los otros. A algunos les tomó 25 años entender que su esposa era como era, que su hijo era como era, que sus amigos, jefes, eran como eran. Haber aceptado más las diferencias individuales les hubiera ahorrado a algunos muchos pleitos y frustraciones a lo largo de su vida.
Cliché generalizado en los relatos: la mayoría se arrepentía de todo lo que no había hecho, de los riesgos que no había corrido. Algunos lamentaban no haber vivido en otro país, los más aguerridos habían cambiado de carrera profesional, de trabajo, de país en varias ocasiones y se sentían satisfechos de haberse arriesgado. Más que el talento, los relatos de la gente más satisfecha daban cuenta de crecimiento paulatino. De haber ido construyendo avances y progresos poco a poco. Más que al talento, muchos atribuían sus logros a la perseverancia.
Los rebeldes, antisociales, anticonvencionales, inconformes, dedicados a ser distintos y a no someterse a ningún tipo de norma o expectativa cultural, escribieron relatos bastante tristes, lamentándose de no haber entendido que trabajar institucionalmente no es sinónimo de alienación. En general, la gente que mando sus reportes a Brooks sentía que había aprendido lecciones que los hacían mejores en el arte de vivir, incluyendo ser mucho más asertivos para decidir con quien estar y con quien no, aunque esto pudiera generar un dolor temporal a otros. Vale la pena leer los reportes de estos mayores de 70 años. Aunque dicen que nadie experimenta en cabeza ajena, a veces leer sobre los aciertos y errores de otras vidas puede ser una lección que sirva para la propia sin tener que esperar a que llegue la vejez.
Los rebeldes, antisociales, anticonvencionales, inconformes, dedicados a ser distintos y a no someterse a ningún tipo de norma o expectativa cultural, escribieron relatos bastante tristes, lamentándose de no haber entendido que trabajar institucionalmente no es sinónimo de alienación. En general, la gente que mando sus reportes a Brooks sentía que había aprendido lecciones que los hacían mejores en el arte de vivir, incluyendo ser mucho más asertivos para decidir con quien estar y con quien no, aunque esto pudiera generar un dolor temporal a otros. Vale la pena leer los reportes de estos mayores de 70 años. Aunque dicen que nadie experimenta en cabeza ajena, a veces leer sobre los aciertos y errores de otras vidas puede ser una lección que sirva para la propia sin tener que esperar a que llegue la vejez.
Si tuviéramos que escribir un reporte de vida ¿qué estructura usaríamos? ¿Capítulos? ¿Texto ininterrumpido? ¿Destacaríamos los logros o los fracasos? Nuestra forma de contar la vida, es nuestra vida. El relato le da significado a lo que vivimos y no al revés. Hacernos más conscientes de cómo contamos nuestra vida nos puede ayudar a recontarla en formas más compasivas y útiles.
viernes, 2 de septiembre de 2011
De los pequeños pasos
Es fácil volverse impaciente en la búsqueda por perder el miedo. Lees los libros y las revistas, te sientes fuerte, motivado y listo para la acción y entonces despiertas a la mañana siguiente y las cosas siguen casi igual. Cuando te pones impaciente y quieres agitar las cosas, comienzas a pensar en hacer algo grande. Las cosas GRANDES son deliberadas, son acciones de seguridad de nuestra autonomía que cambian nuestra vida diaria: renunciar a tu trabajo, mudarte de país, volver a la universidad, ese tipo de cosas. Tal vez tienes amigos que están haciendo cosas grandes o viste una película o leíste una historia de alguien que pudo con su miedo e hizo algo que consideras grande y le salió bien.
A los humanos nos gustan las cosas grandes porque son vistosas y pueden ser post-puestas indefinidamente. Pero lo vistoso puede ser una simple ilusión: todo mundo reconoce a una persona atractiva que es poco amable con los demás, o alguien que es compartido con sus bienes pero que vive endeudado por su mala administración. Esto es algo similar, es una narrativa seductora pero incompleta.
Los maestros normalmente hablan de pasos de bebé, pequeños pasos, cosas pequeñas, victorias pequeñas. Este tipo de acciones no son tan sexys como la idea de un hombre o una mujer fuertes que le dicen a su jefe que se quede con su trabajo y optan por un cambio radical de vida. Pero son cosas importantes, no se llaman pasos de bebé sólo porque los bebés los hacen, sino porque los bebés los necesitan para aprender a caminar. Tu debes de construir gradualmente un nivel satisfactorio y sano de valor y conciencia. Si pudieras hacerlo de la noche a la mañana, todo mundo lo haría.
Nunca desalentaría una decisión importante de cambio de vida en ninguna persona, eso sería tiránico. Pero debes desarrollar un conocimiento de la verdad que sobrepasa el romance y el calor de las situaciones, ver un poco más allá y entonces poder decir: si, esto es lo que necesito, lo que me hace bien por estas razones y voy a poder manejarlo porque me he ido trabajando en ese mismo sentido. Los problemas y las resistencias en el centro de tu ser te seguirán a cualquier trabajo o ciudad. No importa cuántos amigos o cuánto dinero termines por hacer, vas a tener que vivir contigo tu vida entera. Y tú sabes mejor que cualquiera que puedes ser brutal contigo.
"Seguir tus sueños" y "hacer lo que amas" está muy bien, pero también necesitas respetarte a ti mismo lo suficiente como para: 1) Filtrar la narrativa con que te alimentas sin importar su fuente; 2) Hacer un intento honesto por conocerte, aceptarte y vivir contigo mismo. Tú te mereces lo mejor, ¿no es así? La vida es engañosa porque siendo corta y frágil debes presionar hasta el límite pero también manejarte con cuidado. Sin embargo es posible, muchos lo están haciendo, ¿estás a la altura del reto de mezclar lo drástico y lo diligente, el estilo y la substancia, la sinfonía con el silencio?
A los humanos nos gustan las cosas grandes porque son vistosas y pueden ser post-puestas indefinidamente. Pero lo vistoso puede ser una simple ilusión: todo mundo reconoce a una persona atractiva que es poco amable con los demás, o alguien que es compartido con sus bienes pero que vive endeudado por su mala administración. Esto es algo similar, es una narrativa seductora pero incompleta.
Los maestros normalmente hablan de pasos de bebé, pequeños pasos, cosas pequeñas, victorias pequeñas. Este tipo de acciones no son tan sexys como la idea de un hombre o una mujer fuertes que le dicen a su jefe que se quede con su trabajo y optan por un cambio radical de vida. Pero son cosas importantes, no se llaman pasos de bebé sólo porque los bebés los hacen, sino porque los bebés los necesitan para aprender a caminar. Tu debes de construir gradualmente un nivel satisfactorio y sano de valor y conciencia. Si pudieras hacerlo de la noche a la mañana, todo mundo lo haría.
Nunca desalentaría una decisión importante de cambio de vida en ninguna persona, eso sería tiránico. Pero debes desarrollar un conocimiento de la verdad que sobrepasa el romance y el calor de las situaciones, ver un poco más allá y entonces poder decir: si, esto es lo que necesito, lo que me hace bien por estas razones y voy a poder manejarlo porque me he ido trabajando en ese mismo sentido. Los problemas y las resistencias en el centro de tu ser te seguirán a cualquier trabajo o ciudad. No importa cuántos amigos o cuánto dinero termines por hacer, vas a tener que vivir contigo tu vida entera. Y tú sabes mejor que cualquiera que puedes ser brutal contigo.
"Seguir tus sueños" y "hacer lo que amas" está muy bien, pero también necesitas respetarte a ti mismo lo suficiente como para: 1) Filtrar la narrativa con que te alimentas sin importar su fuente; 2) Hacer un intento honesto por conocerte, aceptarte y vivir contigo mismo. Tú te mereces lo mejor, ¿no es así? La vida es engañosa porque siendo corta y frágil debes presionar hasta el límite pero también manejarte con cuidado. Sin embargo es posible, muchos lo están haciendo, ¿estás a la altura del reto de mezclar lo drástico y lo diligente, el estilo y la substancia, la sinfonía con el silencio?
miércoles, 20 de julio de 2011
De las expectativas.
He escuchado muchas veces un pensamiento maravilloso que dice así: "vive la vida sin expectativas, es el único camino para evitar la decepción". En efecto, la única manera en la que evito decepcionarme es cuando no espero absolutamente nada.
Si llego al evento sin expectativa alguna, entonces puedo vivenciar el evento en su totalidad, puedo vivirlo completamente, entregarme a él, disfrutarlo o sufrirlo según sea el caso y vivir experiencias completas. Es verdad. Todo lo que surja de una relación sin expectativas puede de facto sorprenderme y completarme y me aleja irremediablemente de la sensación de decepción.
Sin embargo, esta idea parece extremadamente romántica. ¿Cómo puedo vivir sin expectativas en este mundo que hemos construido? Tal vez si me mudo a la India o al Tibet, tal vez si ingreso a un templo budista y exploro las profundidades del "OM" puedo entonces deshacerme de mis expectativas y comenzar a vivir completo. No obstante, el hecho de acudir al templo budista en el Tibet implica una expectativa per se.
Tengo expectativas cuando me levanto por la mañana: espero que el calentador funcione, espero que el refrigerador refrigere, espero que mi pareja esté a mi lado. Voy a trabajar con expectativas, espero que mis clientes acudan a sus citas, espero que mis empleados lleguen a tiempo, espero que el edificio en el que se haya mi oficina no haya sido derrumbado o haya volado en mil pedazos por un ataque terrorista. Cuando voy al cine espero divertirme, entretenerme, llorar o reflexionar según sea el caso. Así cuando voy a la playa de vacaciones, cuando me voy a casar, cuando compro una casa o un automóvil. Cuando estudio una profesión y cuando hago una cita para hablar con un amigo. En todo momento tengo expectativas y buscar vivir sin ellas es casi un sin sentido, es prácticamente imposible.
La vida sin expectativas nos lleva a un estado de no-movimiento. Cuando este estado es natural, verdaderamente natural, se llama trance meditativo. Cuando este estado en no natural, se llama depresión. La gente que ha perdido la esperanza, ha perdido la expectativa, ha perdido los sueños y la ilusión se ha deprimido profundamente, cuando no está en un estado de trance inducido por la meditación profunda, en cuyo caso, la sensación de no-expectativa es momentáneo, poco duradero y verdaderamente constructivo.
Entonces ¿qué hacer con mis expectativas en mi vida diaria?
Entendamos entonces que gracias a que tengo expectativas me muevo en el mundo. Es decir, escribo esto porque espero que alguien lo lea, si no, no tiene ningún caso escribirlo. Trabajo porque espero que eso me rinda frutos en alguna medida. El mundo funciona con base en expectativas. Sin embargo, puede ocurrir que la expectativa se vuelva demasiado rígida, o en otros casos inalcanzable.
Si llego a un evento, tengo una expectativa de que pase algo, sin embargo, la vida puede contradecir mi expectativa. Si soy lo suficientemente flexible, entonces puedo deshacerme en ese momento de mi expectativa y vivir lo que la realidad me está planteando, en cuyo caso únicamente generaré una nueva expectativa.
Por ejemplo, supongamos que en mi trabajo otros compañeros de mi mismo nivel ganan más que yo, por lo que he decidido hacer una cita con mi jefe para hablar de mi aumento. Como espero convencerlo y ganar más dinero después de esa cita, produzco una linda presentación para mostrarle a mi jefe mis logros en la empresa y justificar mi aumento. Por fin el día de la cita llega, mi jefe me recibe, le hago mi petición, la sustento con mi presentación y espero su opinión. Entonces mi jefe me dice, no, no te vamos a dar un aumento pero permíteme diseñar un esquema de soluciones para tu sueldo, tal vez pensar en un ascenso. En ese momento he generado todo un nuevo paquete de expectativas que tienen que ver con un ascenso, no ya con un aumento. Si mi expectativa es muy rígida me genera decepción, y me aleja de la posibilidad de vivir la nueva realidad que me plantean, en cuyo caso, en el ejemplo que te brindo, me pelearía con mi jefe por más dinero o me sentiría decepcionado por el resultado de la cita.
Tal vez te planteo un ejemplo muy radical pero aplicado a otras áreas de la vida ocurre lo mismo. He escuchado gente esperando que su cónyuge sea diferente después de veinte años de matrimonio en los que ha exhibido la misma conducta de manera consistente. He escuchado gente que espera el reconocimiento de sus padres cuando toda la vida le han demostrado rechazo. He conocido gente que se aferra con todas sus fuerzas a un sueño que la vida le muestra inalcanzable, perdiéndose de la inmensa posibilidad de todo lo que le rodea.
El secreto es adaptar tus expectativas a la realidad dinámica y cambiante que tienes enfrente. No se si vivir con expectativas sea bueno o malo, lo que si se es que es prácticamente imposible deshacerte de ellas, el asunto es no permitirles que te roben la experiencia. Reconoce tus expectativas y reajústalas rápidamente cuando la vida te obstaculice el camino. Vive una vida de expectativa flexible y si puedes acude a meditación a aprender a liberarte de ellas verdaderamente.
Si llego al evento sin expectativa alguna, entonces puedo vivenciar el evento en su totalidad, puedo vivirlo completamente, entregarme a él, disfrutarlo o sufrirlo según sea el caso y vivir experiencias completas. Es verdad. Todo lo que surja de una relación sin expectativas puede de facto sorprenderme y completarme y me aleja irremediablemente de la sensación de decepción.
Sin embargo, esta idea parece extremadamente romántica. ¿Cómo puedo vivir sin expectativas en este mundo que hemos construido? Tal vez si me mudo a la India o al Tibet, tal vez si ingreso a un templo budista y exploro las profundidades del "OM" puedo entonces deshacerme de mis expectativas y comenzar a vivir completo. No obstante, el hecho de acudir al templo budista en el Tibet implica una expectativa per se.
Tengo expectativas cuando me levanto por la mañana: espero que el calentador funcione, espero que el refrigerador refrigere, espero que mi pareja esté a mi lado. Voy a trabajar con expectativas, espero que mis clientes acudan a sus citas, espero que mis empleados lleguen a tiempo, espero que el edificio en el que se haya mi oficina no haya sido derrumbado o haya volado en mil pedazos por un ataque terrorista. Cuando voy al cine espero divertirme, entretenerme, llorar o reflexionar según sea el caso. Así cuando voy a la playa de vacaciones, cuando me voy a casar, cuando compro una casa o un automóvil. Cuando estudio una profesión y cuando hago una cita para hablar con un amigo. En todo momento tengo expectativas y buscar vivir sin ellas es casi un sin sentido, es prácticamente imposible.
La vida sin expectativas nos lleva a un estado de no-movimiento. Cuando este estado es natural, verdaderamente natural, se llama trance meditativo. Cuando este estado en no natural, se llama depresión. La gente que ha perdido la esperanza, ha perdido la expectativa, ha perdido los sueños y la ilusión se ha deprimido profundamente, cuando no está en un estado de trance inducido por la meditación profunda, en cuyo caso, la sensación de no-expectativa es momentáneo, poco duradero y verdaderamente constructivo.
Entonces ¿qué hacer con mis expectativas en mi vida diaria?
Entendamos entonces que gracias a que tengo expectativas me muevo en el mundo. Es decir, escribo esto porque espero que alguien lo lea, si no, no tiene ningún caso escribirlo. Trabajo porque espero que eso me rinda frutos en alguna medida. El mundo funciona con base en expectativas. Sin embargo, puede ocurrir que la expectativa se vuelva demasiado rígida, o en otros casos inalcanzable.
Si llego a un evento, tengo una expectativa de que pase algo, sin embargo, la vida puede contradecir mi expectativa. Si soy lo suficientemente flexible, entonces puedo deshacerme en ese momento de mi expectativa y vivir lo que la realidad me está planteando, en cuyo caso únicamente generaré una nueva expectativa.
Por ejemplo, supongamos que en mi trabajo otros compañeros de mi mismo nivel ganan más que yo, por lo que he decidido hacer una cita con mi jefe para hablar de mi aumento. Como espero convencerlo y ganar más dinero después de esa cita, produzco una linda presentación para mostrarle a mi jefe mis logros en la empresa y justificar mi aumento. Por fin el día de la cita llega, mi jefe me recibe, le hago mi petición, la sustento con mi presentación y espero su opinión. Entonces mi jefe me dice, no, no te vamos a dar un aumento pero permíteme diseñar un esquema de soluciones para tu sueldo, tal vez pensar en un ascenso. En ese momento he generado todo un nuevo paquete de expectativas que tienen que ver con un ascenso, no ya con un aumento. Si mi expectativa es muy rígida me genera decepción, y me aleja de la posibilidad de vivir la nueva realidad que me plantean, en cuyo caso, en el ejemplo que te brindo, me pelearía con mi jefe por más dinero o me sentiría decepcionado por el resultado de la cita.
Tal vez te planteo un ejemplo muy radical pero aplicado a otras áreas de la vida ocurre lo mismo. He escuchado gente esperando que su cónyuge sea diferente después de veinte años de matrimonio en los que ha exhibido la misma conducta de manera consistente. He escuchado gente que espera el reconocimiento de sus padres cuando toda la vida le han demostrado rechazo. He conocido gente que se aferra con todas sus fuerzas a un sueño que la vida le muestra inalcanzable, perdiéndose de la inmensa posibilidad de todo lo que le rodea.
El secreto es adaptar tus expectativas a la realidad dinámica y cambiante que tienes enfrente. No se si vivir con expectativas sea bueno o malo, lo que si se es que es prácticamente imposible deshacerte de ellas, el asunto es no permitirles que te roben la experiencia. Reconoce tus expectativas y reajústalas rápidamente cuando la vida te obstaculice el camino. Vive una vida de expectativa flexible y si puedes acude a meditación a aprender a liberarte de ellas verdaderamente.
domingo, 10 de julio de 2011
Del amor y su antagónico.
Don Miguel Ruíz en su libro "La Maestría el Amor" nos ofrece una imagen muy ilustrativa de la condición humana en general:
Imaginemos un planeta en donde todos los niños nacen en condiciones normales de salud. El organismo en perfecto equilibrio. La piel tersa y suave y el ánimo irrefrenable de los pequeños. Ese espíritu aventurero que los lleva a vivir las experiencias más arrojadas de la vida sin cuestionamientos. Algo pasa entonces, alrededor de los cuatro años de edad cuando la piel se comienza a llenar de llagas, heridas abiertas por todo el cuerpo, heridas que duelen y que supuran y que todos tratamos de cuidar. Las heridas están ahí, permanentemente abiertas y si alguien las toca o las rosa, duelen. Ahora que los niños van creciendo, van aprendiendo a cuidar sus heridas y a hacer los ajustes necesarios para que los demás no las toquen. A medida que el tiempo pasa, los niños que pronto se convertirán en hombres y mujeres, aprenderán a dejar de vivir realmente para dedicarse a cuidar sus heridas, con la idea perenne de que los demás tratarán de tocarlas. Pero esta idea está tan integrada a la experiencia de la vida, es una idea tan cotidiana, que hemos perdido conciencia de ella.
Ahora imaginemos que alguien llega con la promesa de amarnos, ese alguien quiere abrazarnos y besarnos, ese alguien quiere estar a nuestro lado y tocarnos libremente, sin condiciones. Entonces la experiencia del amor y su expresión se vuelve algo doloroso, profundamente doloroso.
Esto lo hemos vivido todos. Hemos pasado por experiencias duras en nuestro camino y toma tiempo identificar nuestras heridas, mismas que son activadas a la menor provocación por la simple interacción con otros. Toda la vida nos la hemos pasado cuidando que no nos lastimen, toda la vida sumidos en el miedo y totalmente distraídos de lo que es realmente relevante, importante, ajenos a la experiencia diaria, al momento presente.
¿Cómo ir sanando nuestras heridas? Lo primero es buscar identificarlas. Todos reaccionamos ante ciertos estímulos de manera descontrolada. Hay que ser honestos con nosotros mismos. Esos periodos de aislamiento, esa flojera, toda tu desidia, tus depresiones, tus enojos diarios, toda tu rigidez, cada vez que te pierdes en el alcohol o en los videojuegos o en el trabajo, estás reaccionando frente a tu propia herida. ¿Qué te lleva a evadirte? ¿Qué te lleva a "protegerte"? ¿Quién o quiénes?
Una vez identificada la herida podemos comenzar a trabajarla. No te engañes, reconocerla no quiere decir curarla, es un buen comienzo pero es sólo eso, un buen comienzo.
Encuentro que una buena manera de comenzar este trabajo es exponiendo la herida. Hemos invertido grandes cantidades de tiempo y energía escondiéndola y protegiéndola y eso no ha servido de nada, en el peor de los casos la ha agravado, en el mejor la ha dejado intacta. Así que es momento de exponerla.
Yo he podido compartir con algunos de mis amigos y conocidos cuáles son mis miedos más profundos. Esas ideas irracionales frente a las que me cierro, viviendo un proceso de regresión a estados infantiles, lleno de miedo y dolor, en donde no me podía defender y que ahora como adulto, dotado de nuevos recursos bloqueo, golpeo, abandono, etc. El primer efecto de compartirlo es que dejo de actuarlo. Frente al estímulo, ahora en conciencia puedo actuar diferente y explorar mi miedo y mi dolor, reconociendo mi fuerza y capacidad adulta y usando mis nuevos recursos de manera funcional.
He podido observar el segundo efecto en mis relaciones, en los demás. No he encontrado una sola persona que sabiendo el profundo dolor que me generan ciertas experiencias, haya intentado dolosamente hacerme daño, sino todo lo contrario. Una vez que muestro mis heridas, los demás han buscado si no aliviarla, si protegerla, evitar tocarla, evitar el roce con sus propios miedos. Este intento de los demás por ayudar ha sido una experiencia de sanación y recuperación de la confianza muy profunda.
El tercer efecto notable, es que he podido diferenciar cuando un tercero se dirige a mi desde su miedo y cuándo lo hace desde su amor. La diferenciación es clara y entonces puedo empatizar y detener ciertas agresiones y por supuesto disfrutar de la experiencia del amor que otros me ofrecen.
Así que la invitación es a que corras riesgos y te expongas. El amor tiene un antagónico primordial, la única experiencia que lo acaba, lo nubla, lo borra, lo bloquea, que lo transforma en agresión y odio: el miedo. Cada vez que te dejas llevar por tu miedo, te alejas del amor y el crecimiento.
No tiene ningún caso engañarte diciéndote que todo va a estar bien. Eso simplemente no es cierto. La vida tiene momentos muy dolorosos, situaciones difíciles para todos. Si eres valiente vas a llorar, vas a gritar. Si eres valiente te va a doler y lo vivirás profundamente.
No, no siempre las cosas van a estar bien. Pero lo que si te puedo asegurar es que en ningún momento bueno, malo o regular, tienes por qué estar solo.
Imaginemos un planeta en donde todos los niños nacen en condiciones normales de salud. El organismo en perfecto equilibrio. La piel tersa y suave y el ánimo irrefrenable de los pequeños. Ese espíritu aventurero que los lleva a vivir las experiencias más arrojadas de la vida sin cuestionamientos. Algo pasa entonces, alrededor de los cuatro años de edad cuando la piel se comienza a llenar de llagas, heridas abiertas por todo el cuerpo, heridas que duelen y que supuran y que todos tratamos de cuidar. Las heridas están ahí, permanentemente abiertas y si alguien las toca o las rosa, duelen. Ahora que los niños van creciendo, van aprendiendo a cuidar sus heridas y a hacer los ajustes necesarios para que los demás no las toquen. A medida que el tiempo pasa, los niños que pronto se convertirán en hombres y mujeres, aprenderán a dejar de vivir realmente para dedicarse a cuidar sus heridas, con la idea perenne de que los demás tratarán de tocarlas. Pero esta idea está tan integrada a la experiencia de la vida, es una idea tan cotidiana, que hemos perdido conciencia de ella.
Ahora imaginemos que alguien llega con la promesa de amarnos, ese alguien quiere abrazarnos y besarnos, ese alguien quiere estar a nuestro lado y tocarnos libremente, sin condiciones. Entonces la experiencia del amor y su expresión se vuelve algo doloroso, profundamente doloroso.
Esto lo hemos vivido todos. Hemos pasado por experiencias duras en nuestro camino y toma tiempo identificar nuestras heridas, mismas que son activadas a la menor provocación por la simple interacción con otros. Toda la vida nos la hemos pasado cuidando que no nos lastimen, toda la vida sumidos en el miedo y totalmente distraídos de lo que es realmente relevante, importante, ajenos a la experiencia diaria, al momento presente.
¿Cómo ir sanando nuestras heridas? Lo primero es buscar identificarlas. Todos reaccionamos ante ciertos estímulos de manera descontrolada. Hay que ser honestos con nosotros mismos. Esos periodos de aislamiento, esa flojera, toda tu desidia, tus depresiones, tus enojos diarios, toda tu rigidez, cada vez que te pierdes en el alcohol o en los videojuegos o en el trabajo, estás reaccionando frente a tu propia herida. ¿Qué te lleva a evadirte? ¿Qué te lleva a "protegerte"? ¿Quién o quiénes?
Una vez identificada la herida podemos comenzar a trabajarla. No te engañes, reconocerla no quiere decir curarla, es un buen comienzo pero es sólo eso, un buen comienzo.
Encuentro que una buena manera de comenzar este trabajo es exponiendo la herida. Hemos invertido grandes cantidades de tiempo y energía escondiéndola y protegiéndola y eso no ha servido de nada, en el peor de los casos la ha agravado, en el mejor la ha dejado intacta. Así que es momento de exponerla.
Yo he podido compartir con algunos de mis amigos y conocidos cuáles son mis miedos más profundos. Esas ideas irracionales frente a las que me cierro, viviendo un proceso de regresión a estados infantiles, lleno de miedo y dolor, en donde no me podía defender y que ahora como adulto, dotado de nuevos recursos bloqueo, golpeo, abandono, etc. El primer efecto de compartirlo es que dejo de actuarlo. Frente al estímulo, ahora en conciencia puedo actuar diferente y explorar mi miedo y mi dolor, reconociendo mi fuerza y capacidad adulta y usando mis nuevos recursos de manera funcional.
He podido observar el segundo efecto en mis relaciones, en los demás. No he encontrado una sola persona que sabiendo el profundo dolor que me generan ciertas experiencias, haya intentado dolosamente hacerme daño, sino todo lo contrario. Una vez que muestro mis heridas, los demás han buscado si no aliviarla, si protegerla, evitar tocarla, evitar el roce con sus propios miedos. Este intento de los demás por ayudar ha sido una experiencia de sanación y recuperación de la confianza muy profunda.
El tercer efecto notable, es que he podido diferenciar cuando un tercero se dirige a mi desde su miedo y cuándo lo hace desde su amor. La diferenciación es clara y entonces puedo empatizar y detener ciertas agresiones y por supuesto disfrutar de la experiencia del amor que otros me ofrecen.
Así que la invitación es a que corras riesgos y te expongas. El amor tiene un antagónico primordial, la única experiencia que lo acaba, lo nubla, lo borra, lo bloquea, que lo transforma en agresión y odio: el miedo. Cada vez que te dejas llevar por tu miedo, te alejas del amor y el crecimiento.
No tiene ningún caso engañarte diciéndote que todo va a estar bien. Eso simplemente no es cierto. La vida tiene momentos muy dolorosos, situaciones difíciles para todos. Si eres valiente vas a llorar, vas a gritar. Si eres valiente te va a doler y lo vivirás profundamente.
No, no siempre las cosas van a estar bien. Pero lo que si te puedo asegurar es que en ningún momento bueno, malo o regular, tienes por qué estar solo.
sábado, 11 de junio de 2011
Del cómo vivir los instantes.
Todos hemos sido testigos de lo frágil que es la condición presente, cualquiera que ésta sea.
En un instante todo puede cambiar: un tsunami puede barrer una población completa en unos cuantos segundos, una visita al médico puede alterar nuestra percepción total de la vida, en un segundo la relación de pareja por la que hemos trabajado tanto, vivido y sufrido puede disolverse. Todo puede cambiar en un instante. De hecho todo cambia en instantes. Esa es la constante.
Debemos estar acostumbrados y preparados al cambio en cualquiera de sus formas. Esperar que las cosas permanezcan como están es una falacia total, un absurdo, un sin sentido que nos llevará directamente al sufrimiento.
De ahí lo importante del disfrute del momento presente. Ver la vida como una suma de momentos, sabiendo que cada momento va a terminar y pronto, te puede ayudar a valorarlos, a vivir intensamente la experiencia presente con todas sus circunstancias e implicaciones.
Si es momento de llorar, llora, llora profundamente, si es momento de reír, ríe profundamente, si es momento de abrazar, abraza profundamente. Todo esto pasará y nadie lo recordará mas que tu. No importa el tipo de vivencia que la vida te tenga preparada o que tu te hayas generado, lo que importa es que tengas esa capacidad de conexión profunda con cada momento, con cada instante. De esa manera tus hechos hablarán por ti. Estando presente creas, haces una diferencia, te manifiestas presente, no observador, sino participante activo de la experiencia.
Mucha gente pierde el tiempo haciendo planes a largo plazo. Necesitamos entender que la vida, por fortuna, es una condición cambiante. Entre más largo el plazo de tus planes, más fantasiosos se vuelven. ¿Cuántos planes a largo plazo se cumplen? Me gustaría hacer una encuesta acerca de eso. De cualquier manera, quien está preocupado por cumplir una meta a largo plazo, se olvida del momento presente, de tal modo que incluso logrando el objetivo plantado originalmente puede llegar a experimentar insatisfacción. Es perfectamente lógico, éstas personas están más enfocadas en el futuro que en lo que tienen frente a las narices.
Esto de ninguna manea quiere decir que no es necesaria una dirección, una congruencia o una especie de mapa que nos direccione hacia el tipo de vida que queremos vivir. Una vida tipo "veleta" no sllevará de igual modo a un lugar de insatisfacción. Sin embargo, nuestro mapa no es el territorio y debe de tener capacidad de adaptación a los cambios que la vida nos plantea.
En este sentido, alguna vez escuchaba a alguien decir que una vida bien vivida incluye éxitos, fracasos, cambios radicales y pasión.
Por eso hoy te digo, procura vivir con pasión y a través de ella. La pasión no entiende de futuros ni pasados, la pasión es la fuerza que te conectará con el momento presente de manera más clara y contundente. La pasión es hoy, la pasión es ahora, la pasión es aquí. La pasión además es pasajera, es un instante que espero puedas atrapar la mayor cantidad de veces que la vida te la ofrezca gratuitamente y que espero de igual forma, sepas construir el resto del tiempo.
"Pierde más el que ha perdido la pasión que aquel al que la pasión le pierde". Voltaire.
En un instante todo puede cambiar: un tsunami puede barrer una población completa en unos cuantos segundos, una visita al médico puede alterar nuestra percepción total de la vida, en un segundo la relación de pareja por la que hemos trabajado tanto, vivido y sufrido puede disolverse. Todo puede cambiar en un instante. De hecho todo cambia en instantes. Esa es la constante.
Debemos estar acostumbrados y preparados al cambio en cualquiera de sus formas. Esperar que las cosas permanezcan como están es una falacia total, un absurdo, un sin sentido que nos llevará directamente al sufrimiento.
De ahí lo importante del disfrute del momento presente. Ver la vida como una suma de momentos, sabiendo que cada momento va a terminar y pronto, te puede ayudar a valorarlos, a vivir intensamente la experiencia presente con todas sus circunstancias e implicaciones.
Si es momento de llorar, llora, llora profundamente, si es momento de reír, ríe profundamente, si es momento de abrazar, abraza profundamente. Todo esto pasará y nadie lo recordará mas que tu. No importa el tipo de vivencia que la vida te tenga preparada o que tu te hayas generado, lo que importa es que tengas esa capacidad de conexión profunda con cada momento, con cada instante. De esa manera tus hechos hablarán por ti. Estando presente creas, haces una diferencia, te manifiestas presente, no observador, sino participante activo de la experiencia.
Mucha gente pierde el tiempo haciendo planes a largo plazo. Necesitamos entender que la vida, por fortuna, es una condición cambiante. Entre más largo el plazo de tus planes, más fantasiosos se vuelven. ¿Cuántos planes a largo plazo se cumplen? Me gustaría hacer una encuesta acerca de eso. De cualquier manera, quien está preocupado por cumplir una meta a largo plazo, se olvida del momento presente, de tal modo que incluso logrando el objetivo plantado originalmente puede llegar a experimentar insatisfacción. Es perfectamente lógico, éstas personas están más enfocadas en el futuro que en lo que tienen frente a las narices.
Esto de ninguna manea quiere decir que no es necesaria una dirección, una congruencia o una especie de mapa que nos direccione hacia el tipo de vida que queremos vivir. Una vida tipo "veleta" no sllevará de igual modo a un lugar de insatisfacción. Sin embargo, nuestro mapa no es el territorio y debe de tener capacidad de adaptación a los cambios que la vida nos plantea.
En este sentido, alguna vez escuchaba a alguien decir que una vida bien vivida incluye éxitos, fracasos, cambios radicales y pasión.
Por eso hoy te digo, procura vivir con pasión y a través de ella. La pasión no entiende de futuros ni pasados, la pasión es la fuerza que te conectará con el momento presente de manera más clara y contundente. La pasión es hoy, la pasión es ahora, la pasión es aquí. La pasión además es pasajera, es un instante que espero puedas atrapar la mayor cantidad de veces que la vida te la ofrezca gratuitamente y que espero de igual forma, sepas construir el resto del tiempo.
"Pierde más el que ha perdido la pasión que aquel al que la pasión le pierde". Voltaire.
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